Los canales de Ámsterdam
Más de 100 kilómetros de vías de agua, unas 90 islas y más de 1.500 puentes — y un plano urbano del siglo XVII que sigue funcionando hoy.
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¿Cuántos canales tiene Ámsterdam?
Ámsterdam tiene más de 100 kilómetros de canales, que atraviesan unas 90 islas y sobre los que pasan más de 1.500 puentes. La cifra exacta de canales depende de cómo se defina «gracht»; los más conocidos y grandes son los cuatro canales principales: Prinsengracht, Keizersgracht, Herengracht y Singel.
Estos cuatro forman el cinturón de canales que rodea el centro de la ciudad, declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO en 2010. Junto a ellos, numerosos canales más pequeños recorren el resto de los barrios — y precisamente a esos canales estrechos solo llegan los barcos pequeños.
¿Por qué se construyeron los canales?
El cinturón de canales no es una maraña surgida sin más, sino un plano urbano. Nació en el siglo XVII, la Edad de Oro de los Países Bajos, y cumplía varias funciones a la vez:
- Comercio y transporte. Ámsterdam era uno de los centros comerciales más importantes de Europa. Por los canales llegaban las mercancías hasta la puerta misma de los almacenes — por eso muchas casas de los canales conservan aún hoy una viga con gancho bajo el frontón.
- Urbanismo. La población crecía a gran velocidad, y los canales en forma de anillo formaban parte de un plan de ampliación meditado que ordenaba el crecimiento de la ciudad — funcional y estético a la vez.
- Gestión del agua. Buena parte de los Países Bajos está por debajo del nivel del mar. Los canales regulan el nivel del agua y protegen de las inundaciones. Esa función la siguen cumpliendo hoy.
- Defensa. En los primeros siglos de la ciudad, las vías de agua servían también como línea defensiva.
Esa combinación explica por qué el cinturón de canales tiene un aspecto tan regular: se diseñó sobre el papel y se construyó de forma planificada durante décadas.
Lo que se ve desde el barco
Un crucero recorre prácticamente siempre una parte del cinturón de canales y, por lo general, un tramo del Amstel y del puerto. Por el camino quedan las estrechas casas de comerciantes con sus frontones, las casas flotantes, el Magere Brug y — según la ruta — la casa de Ana Frank, el Museo Marítimo y el Rijksmuseum.
Desde el agua se ve la ciudad desde la perspectiva para la que fue construida. Esa es la verdadera razón por la que merece la pena un crucero por los canales: no los monumentos, a los que también se llega a pie, sino el punto de vista.
¿Aún no lo tiene claro?
A la mayoría de los visitantes le basta con el clásico crucero de una hora — es el más barato y el que sale con más frecuencia. Quien quiera algo más, opta por un paseo en barco abierto pequeño con guía en directo.
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